El Príncipe de los Creyentes, la paz sea con él, dijo:
الرُّكُونُ إِلَى الدُّنْيَا مَعَ مَا تُعَايِنُ مِنْهَا جَهْلٌ؛ وَ التَّقْصِيرُ فِي حُسْنِ الْعَمَلِ إِذَا وَثِقْتَ بِالثَّوَابِ عَلَيْهِ غَبْنٌ؛ وَ الطُّمَأْنِينَةُ إِلَى كُلِّ أَحَدٍ قَبْلَ الِاخْتِبَارِ لَهُ عَجْزٌ.
«Confiar en el mundo, a pesar de lo que observas de él, es ignorancia; descuidar las buenas obras mientras se tiene certeza en la recompensa por ellas es pérdida; y confiar en cualquiera antes de ponerlo a prueba es incapacidad».
Con estas palabras sabias, el Imam Alí (la paz sea con él) señala tres puntos, cada uno de los cuales constituye una enseñanza independiente.
En primer lugar, dice: «Confiar en el mundo, a pesar de lo que observas de él, es ignorancia». Todas las personas, sin excepción, han leído en la historia, han oído acerca de los anteriores o han visto con sus propios ojos cómo individuos poderosos, ricos y fuertes, de repente perdieron su poder, riqueza y capacidad, convirtiéndose en personas débiles e incapaces. Un día eran gobernantes y al día siguiente prisioneros; un día jóvenes vigorosos y al siguiente enfermos postrados; un día ricos y al siguiente necesitados. Con estas rápidas transformaciones y cambios que vemos en los asuntos mundanos, ¿no es ignorancia confiar en sus recursos? El sensato es aquel que no se apega al mundo, aunque disponga de abundantes medios. Tales personas viven con tranquilidad y abandonan este mundo en paz, sin verse perturbadas por los cambios del tiempo; mientras que los apegados al mundo, al perder su posición o riqueza, se afligen de tal manera que, en ocasiones, llegan a la desesperación extrema.
Luego, el Imam Alí (la paz sea con él) señala el segundo punto y dice: «Descuidar las buenas obras mientras se tiene certeza en la recompensa por ellas es pérdida».
Esto indica que si una persona tuviera dudas sobre la Otra Vida, la recompensa y el castigo, su negligencia en hacer el bien podría, en cierta medida, justificarse. Pero en el caso de los creyentes, que creen firmemente en la otra vida y en la recompensa divina —una recompensa inmensa que no guarda proporción con la cantidad de las obras humanas, sino que proviene de la gracia y la generosidad divina—, descuidar las buenas acciones resulta realmente sorprendente. Esa es precisamente la pérdida que el ser humano se inflige a sí mismo.
La verdadera pérdida consiste en que una persona pierda un capital sin poder obtener algo equivalente o superior, o que tenga una oportunidad valiosa para obtener un gran beneficio y la deje pasar sin aprovecharla; todo ello constituye pérdida.
El Corán denomina al Día de la Resurrección como el “Día de la pérdida mutua”, y dice:
يَوْمَ يَجْمَعُكُمْ لِيَوْمِ الْجَمْعِ ۖ ذَٰلِكَ يَوْمُ التَّغَابُنِ
«El día en que Él os reúna para el Día de la Reunión, ese será el Día de la pérdida mutua» (64:9).
Finalmente, el Imam Alí (la paz sea con él) señala el tercer y último punto: «Confiar en cualquiera antes de ponerlo a prueba es incapacidad».
Las amistades tienen una profunda influencia en el destino del ser humano, por lo que no se debe elegir a nadie como amigo sin haberlo probado. Los bienes y capacidades que Dios ha otorgado al hombre no deben ponerse en manos de cualquiera, pues puede tratarse de una persona traicionera o deshonesta. Es necesario examinar repetidamente a las personas antes de depositar confianza en ellas.
Este asunto adquiere aún mayor importancia en nuestra época, ya que abundan los hipócritas que aparentan rectitud y los traidores que se presentan bajo la apariencia de personas íntegras y bienintencionadas. Por lo tanto, confiar sin una verificación previa es señal de debilidad e incapacidad.
Fuente:
Sabiduría 384 de Nahy al-Balagha