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Corrígete a ti mismo antes de señalar a los demás

El Príncipe de los Creyentes, la paz sea con él, dijo:

مَنْ نَظَرَ فِي عَيْبِ نَفْسِهِ اشْتَغَلَ عَنْ عَيْبِ غَيْرِهِ

«Quien observa los defectos de sí mismo, se ocupa de ellos y se aparta de los defectos de los demás».

Sin duda, no existe ser humano libre de defectos, excepto los infalibles. Algunos tienen menos defectos y otros más. Por ello, la razón y la sensatez exigen que la persona, en lugar de ocuparse de los defectos de los demás, se dedique a corregir los propios. En realidad, quien se ocupa de reformarse a sí mismo no encuentra tiempo para señalar los defectos ajenos; y aun si lo tuviera, sentiría vergüenza y diría para sí: «¿Cómo puedo señalar los defectos de otros teniendo yo estas faltas?».
Por supuesto, la intención del Imam es abandonar la búsqueda de defectos en los demás. De lo contrario, mencionar los defectos ajenos con el propósito de promover el bien y prevenir el mal, y con la intención de corregir esas cualidades —siempre que se haga de una manera que no atente contra su dignidad y respeto— no solo no es reprochable, sino que es una acción loable e incluso, en muchos casos, obligatoria.
Asimismo, en el sermón 176 del Nahy al-Balagha, el Imam Alí (la paz sea con él) expresa:

طُوبَى لِمَنْ شَغَلَهُ عَيبُهُ عَنْ عُيوبِ النَّاس

«Bienaventurado aquel cuya preocupación por sus propios defectos le impide ocuparse de los defectos de la gente».

Fuente:
Sabiduría 349 del Nahy al-Balagha.