El Príncipe de los Creyentes, la paz sea con él, dijo:
مُقَارَبَةُ النَّاسِ فِي أَخْلَاقِهِمْ، أَمْنٌ مِنْ غَوَائِلِهِمْ.
“La indulgencia y la armonía con la gente en su carácter y comportamiento son causa de seguridad frente a su enemistad y sus daños”.
En esta sabia enseñanza, el Imam Alí (la paz sea con él) señala un sutil principio social. Dice: “La adaptación razonable a la gente en su forma de ser y en sus costumbres conduce a estar a salvo de su enemistad y resentimiento.”
No hay duda de que cada grupo, comunidad e incluso cada individuo posee características y comportamientos propios, y tiende a inclinarse hacia quienes muestran afinidad con sus valores, respetan sus tradiciones y actúan de acuerdo con sus expectativas. La armonía con las personas en estos aspectos —siempre que no contradiga la ley divina ni la razón— hace que ellas consideren a la persona como uno de los suyos y establezcan vínculos de amistad. Esto, a su vez, genera seguridad frente a su hostilidad y enemistad.
Por supuesto, como se ha señalado, no se trata de conformarse con la corrupción, las malas costumbres o prácticas contrarias a la ley religiosa y a la razón, ya que ni la religión ni el intelecto lo permiten.
En las tradiciones islámicas se menciona un concepto cercano al contenido de esta enseñanza: la indulgencia y el trato prudente con la gente. Numerosos hadices recomiendan este comportamiento y hacen énfasis en él. Entre ellos, el propio Imam Ali ibn Abi Talib (la paz sea con él) dice:
دارِ النّاسَ تأمَنْ غوائِلَهُم و تَسْلَمْ مِن مَكايِدِهم
«Trata a la gente con prudencia y consideración, para que estés a salvo de su enemistad y te protejas de sus intrigas».
(Ghurar al-Hikam, hadiz 10179)
Fuente:
Sabiduría 401 de Nahj al-Balagha