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El deber mínimo ante Dios: No usar Sus bendiciones para pecar

Y dijo el Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él):

وَ قَالَ امیرالمومنین (علیه السلام): أَقَلُّ مَا يَلْزَمُكُمْ لِلَّهِ، أَلَّا تَسْتَعِينُوا بِنِعَمِهِ عَلَى مَعَاصِيهِ

«Lo mínimo que le debéis a Dios es no usar Sus bendiciones para desobedecerle».

El Imam Ali (la paz sea con él), en esta sabia enseñanza, señala un punto fundamental: el ser humano, frente a las bendiciones que Dios le ha concedido, tiene como mínimo deber no convertir esas mismas bendiciones en instrumento de pecado y desobediencia.
Desobedecer al Señor siempre es algo reprobable, pero la forma más vergonzosa de desobediencia es que el ser humano utilice precisamente Sus dones para rebelarse contra Él.
Otro mensaje que encierra esta enseñanza es que todo pecado que comete el ser humano ocurre, sin duda, mediante el uso de alguna de las bendiciones divinas: la vista, el oído, las manos, los pies, la mente, la fuerza y demás facultades, todas ellas son dones de Dios. Sin su uso, el ser humano no podría cometer ninguna falta. Por tanto, el sentido de estas palabras es que una persona justa no debería cometer ningún pecado, pues cualquier falta implica el uso de una bendición divina, y esto resulta profundamente vergonzoso.
En otra narración, el Imam Husayn (la paz sea con él), respondió a un hombre que le dijo: “Soy un pecador y no puedo abandonar el pecado; dame un consejo”. Entonces dijo:

افْعَلْ خَمْسَةَ أَشْيَاءَ وَأَذْنِبْ مَا شِئْتَ فَأَوَّلُ ذَلِکَ لا تَأْكُلْ رِزْقَ اللَّهِ وَأَذْنِبْ مَا شِئْتَ وَالثَّانِي اخْرُجْ مِنْ وَلايَةِ اللَّهِ وَأَذْنِبْ مَا شِئْتَ وَالثَّالِثُ اطْلُبْ مَوْضِعاً لا يَرَاکَ اللَّهُ وَأَذْنِبْ مَا شِئْتَ وَالرَّابِعُ إِذَا جَاءَ مَلَکُ الْمَوْتِ لِيَقْبِضَ رُوحَکَ فَادْفَعْهُ عَنْ نَفْسِکَ وَأَذْنِبْ مَا شِئْتَ وَالْخَامِسُ إِذَا أَدْخَلَکَ مَالِکٌ فِي النَّارِ فَلا تَدْخُلْ فِي النَّارِ وَأَذْنِبْ مَا شِئْت

Se narra que un hombre se presentó ante el Imam Husayn (P) y le dijo: «Soy un hombre pecador y no tengo fuerza para abandonar el pecado; dame un consejo». El Imam le respondió:
«Haz estas cinco cosas y, entonces, peca cuanto quieras:
Primero: No comas del sustento de Dios, y peca cuanto quieras.
Segundo: Sal del dominio de Dios, y peca cuanto quieras.
Tercero: Busca un lugar donde Dios no te vea, y peca cuanto quieras.
Cuarto: Cuando el ángel de la muerte venga a tomar tu alma, apártalo de ti, y peca cuanto quieras.
Quinto: Cuando el custodio del Infierno te introduzca en el Fuego, rehúsa entrar, y peca cuanto quieras».

En este hadiz se emplea una lógica clara: el ser humano está atrapado en cinco realidades, cada una de las cuales basta para apartarlo del pecado.
Por un lado, siempre se encuentra disfrutando de las bendiciones y del sustento de Dios. ¿Puede una conciencia despierta permitirle pecar en tal estado?
Por otro lado, está constantemente bajo la protección divina, pues Dios ha asignado ángeles para su resguardo. ¿No es vergonzoso desobedecer mientras se está bajo tal cuidado?
Además, todo el universo es la presencia de Dios. ¿No resulta vergonzoso pecar ante Él?
Y finalmente, quiera o no, el pecador será tomado por el ángel de la muerte, será llevado al Juicio y rendirá cuentas por sus actos. ¿Acaso puede resistirse al ángel de la muerte o vencer al guardián del Infierno?
Si el ser humano se ve inevitablemente sometido a todo esto, ¿cómo puede permitirse desobedecer abiertamente a Dios y mancharse con toda clase de pecados?
Reflexionar sobre estas realidades es, sin duda, suficiente para apartar al ser humano del pecado.

Fuente:
Sabiduría 330 del Nahy al Balagha.